Permítame presentarme, Soy Linda, soy una víctima y soy sensual
Un día me dijeron que no me veía como víctima, había contado lo que pasó a gente que pensaba me podía ayudar, quizá debía platicarles que también me pidieron usara ropa blanca porque antes de que mis agresores se fueran de mi casa me dijeron era un blanco para que me cazaran. Y que querían mi cabeza, después de todo con lo que me drogaron casi me la arrancaron, pero la recuperé porque alguien tenía miedo que se supiera, entre la tropa, los cárteles, y el pueblo bueno y no tan bueno, lo que su pareja, amigos, y hasta chofer me habían hecho, todos fueron responsables. No, no se equivocaron, iban por mí y había dolo, misoginia y pasiones que mis agresores no se enseñaron a controlar. A veces ni en nuestra familia nos dan las herramientas para educarnos el alma y poner a dieta a los demonios, o al contrario, a veces nos dan todo y no lo sabemos utilizar y tenemos hasta desprecio por los valores y principios éticos. Pero no sólo dependemos de la familia, también están quienes conocemos en la escuela, en la calle, en el trabajo, sobre todo cuando somos pobres y tenemos que trabajar desde jóvenes, para comprar los libros, cómics, y claro, la cerveza que nos gusta, pero no es asunto de clase, hay quienes desde niños y niñas no sólo aprenden de su familia, escuela, y amistades que entienden el mundo desde la misma óptica de clase, hay niños y niñas que si son listos también abren su corazón y sus ojos, para aprender de los que tienen la seguridad y su vida en sus manos. Esos hombres y mujeres no sólo son choferes o escoltas, también son un ejemplo para ellos, así que el aprendizaje viene de muchos lugares, y nada, absolutamente nada, justifica que alguien no quiera domesticarse el corazón para identificar el bien del mal y actuar en consecuencia.
Cómo descongelas lo que te dejaron en el pecho después de que entraron a tu casa bajo el cobijo de la noche, te drogaron, arrancaron tu ropa para ver cada uno de tus tatuajes, y me reclamaban explicación de los mismos, reían de lo que a sus ojos son imperfecciones de mi cuerpo, grandísimos pendejos, sepan que no veo nada imperfecto en mí aspecto, pero en lo que de mi actuar no me engrandece frente a mis hermosos ojos café, lo trabajo a diario, eso hacemos la gente inteligente. Reían de cómo salía la saliva de mi boca y no se diga de las respuestas que daba. Y sé que hicieron escarnio de lo que viví, por ejemplo, un hombre del poder cuando supo me violaron dijo “qué gasho”. Espero hubiera llegado a su puesto por plurinominales y no por elección popular porque es grave sus palabras fueran esas, y más porque con su puesto dice representa a miles de personas en el Congreso, está de más engrandezca a un mezquino mencionando más de él en este blog, no hasta que se reivindique y esté a la altura del color del partido que dice representar. Entonces, este sitio es para que no sólo se sepa lo que pasa cuando torturan a alguien, que quede claro que el dolor es real, que tardas en recuperar tu memoria, que dudas de ti misma y que los agresores, que sé serán quienes a diario abrirán la ventana para ver si escribí de ellos, deben recordar que sus víctimas sabemos que la tortura y el desplazamiento forzado son Crímenes de Lesa Humanidad, y que cada día que estamos fuera de nuestra casa, que no hay una reparación integral por el daño que nos hicieron, el delito se comete ad infinutum, y que aunque hoy se sienten impunes, no deben olvidar que los cargos en la función pública son temporales, y que Dios, mi Dios Cristiano sí es garante de Justicia. Cuando desfallecía y olvidaba esto, un pastor, el pastor Aarón, me recordó donde debía poner mi confianza para la justicia, y con hechos me mostró que debo seguir confiando en las personas, que lo que me hicieron jamás determinaría lo que tantos años había entendido del género humano, y que aún entre tanta maldad que viví y padecí, el miedo no podía paralizarme.
Y a mi casa no entró un hombre, fueron varios, y con ellos también ensuciaron mi piso sus mujeres, esas, las violentas, las que difícilmente tienen respeto y empatía por las otras, sin como ellos y ellas sentirme perfiladora criminal, y experta en el comportamiento humano y sus por qué, de esas puedo decir que:
Son las que sin pudor muestran sus dientes cuando ven a una mujer que les parece más bella o con más identidad, para ellas poco o nada vale el intelecto de las otras, les dicen “pendejas” o cualquier otro sinónimo para mostrar su supuesta superioridad intelectual. Y a la par son las que se ríen de las mujeres con discapacidad, y las ven como “pobrecitas” minimizándolas indirectamente. Yo, y uso el YO con todo el ego del mundo porque estoy muy orgullosa de ella, tengo una amiga entrañable que vive con discapacidad y es una chingona, es la mujer más cabrona que conozco, sin embargo, siempre que busca trabajo, aún siendo más inteligente que las desgraciadas que entraron a mi casa, y ella sí ser una buena criminóloga, no le ofrecen un puesto de poder. A ella, su esposo, y su hija les estimo, a él y a ella desde que eran universitarios, a su niña desde que nació. Cómo no quererla si lleva un poderoso nombre para todos los que gustamos del heavy metal. Se llama Noruega, y su mamá es a la única mujer en Chihuahua que reconozco como la Mujer Maravilla, desde que la veía en la universidad siempre supe que era ella la verdadera Mujer Maravilla, y su esposo, ese es Spawn, aunque en las fiestas, entre amigos de verdad amigos, es Aracle Boy, el fiel compañero de Aracle Woman, después les contaré de ellos.
Ellas se miden con las otras por el tamaño de sus tetas y por los títulos universitarios, no han entendido que a los hombre o mujeres de verdad inteligentes, y mejor aún a la hora de intimar, cuando de verdad se tiene ganas de eso, los títulos, la condición de clase, y el tamaño de las tetas nada define, menos los orgasmos que ambas partes puedan tener. Y no me digan eso de ser sapiosexual !Pamplinas! con mis amigos sacerdotes y seminariastas, los más inteligentes, los que son como los sobrinos de Pato Donald, tengo cubierta mi cuota de intelectuales y grandes conversadores.
Por sus vínculos con hombres de poder, a los que por cierto, obedecen ciegamente, y de los que se hacen amantes, pero a discreción, porque hay que guardarles a ellos las apariencias para que sigan saliendo en portadas de libros, y en eventos oficiales puedan ir su esposa e hijos, pero eso sí, a la hora de comer pan y tomar café en la oficina, de las primeras que se habla es de las otras y otros que hacen lo mismo pero su escritorio está en otro piso, reza el dicho popular “La zorra debiera empezar por verse su cola”.
Estas mujeres, las que me atacaron a mí, son quienes se regodean cada vez que visitan en los centros penitenciarios a hombres y mujeres que delinquieron, pero ellas, aunque conocen del Estado de Derecho y en teoría debieran entender que si ya hay alguien que está prisionera ya está pagando la culpa por los delitos que pudo haber cometido, y aún así llegan a querer humillar a las mujeres presas, a las esposas e hijas de los hombres en reclusión. Creo que leyeron mucho a Anabel Hernández, y no han entendido que una mujer solo habla mal de otra cuando la admira secretamente o le tiene envidia. Aunque siendo honesta creo que difícilmente podrían tener amigas y saber de amor entre mujeres. Y desde aquí, por favor, que alguien le pregunte a las escritoras y periodistas que hablan de “las mujeres del narco”, que cuándo van a escribir de las cómo yo, a las que violaron y torturaron, o mejor aún, cuándo saldrán a levantar la voz por las desaparecidas, las asesinadas, los y las huérfanos de la guerra, o qué ¿tienen también un monóculo moral para elegir qué temas poner en la agenda pública? Rompan el pacto patriarcal de reírse de otras, de hurgar en sus vidas y querer crucificarles. Sé que eso no las hará ganar dinero, pero vivir a costa del dolor y la exposición pública de otras no es muy digno que digamos. Muchachas, rompan el pacto, y mejor pídanles a ellas, A LAS SEÑORAS de quienes escriben que les presenten a uno de tantos que las cuidan, hasta yo podría presentarles a mis amigos, los divorciados y solteros consagrados, nada de casados, con esos nada, ya vieron que mis amigos son listos y divertidos, y de verdad le saben a los cómics, pero ustedes quieren a los funcionarios públicos, al 01, 02, 03... o en sus palabras “mafiosos con mucho dinero” para que les paguen la tanda de la tuneada, y les resuelvan. Ya lo pensé y mejor no, ustedes no se merecen hombres chidos, listos, divertidos, y que huelan bonito, como mis amigos. Y si usted no es mi amigo, significa es aburrido, poco inteligente, y de segurito apesta. Y desde ya, empezando el texto, no me hace pendeja pagar mis cuentas, desde hace décadas trabajo y me mantengo sola, en la vida y en la fiesta no me gusta deber nada. Y ya lo cantan los Beatles “all you need is love” y yo agregaría “and beer”.... Todo lo que necesitamos es amor, y cerveza.
En el mejor de los casos, esas mujeres me recuerdan a Atenea, también la de los Caballeros de Zodiaco, a esas sólo las pienso como mujeres privilegiadas, mimadas y malcriadas gran parte de su vida, siempre rodeadas de hombres aún y cuando tenían todo para tener a otras a su lado. Volviendo a la Atenea del mito, es la hija de Zeuz, nace de su cabeza, y ella es la diosa de la justicia, y es la mera chingona para que le recen los que hacen la civilización y que quieren sentirse protegidos por la inteligencia. Pero también en su historia hay algo digno de analizar: MEDUSA, la más bella entre las sacerdotisas, y que servía en su templo, era nada junto a ella, era mortal, y un día el dios del mar, Poseidón, entró a su templo y la violó, Atenea encolerizada porque profanaron su templo convirtió a MEDUSA en un monstruo, y la castigó también enviándola al exilio. A MEDUSA no solo la convirtió en monstruo poniendo serpientes en su cabeza, también cualquiera que se le acercara y la mirara se convertiría en piedra; la confinó a la soledad y a que fuera temida, y de seguro ella no quería, como Maquiavelo a la hora de hablar de los gobernantes, ser más temida que amada, porque ella no quería gobernar nada. En mi Estado tenemos a la máxima autoridad femenina, la responsable de todo lo que ocurre en el rancho, ella es responsable por cada uno de sus funcionarios, desde los tomadores de decisiones hasta la persona que consideramos desempeña la labor más pequeñita en el gobierno, y no la amamos, menos la respetamos como funcionaria, de hecho, despreciamos bastante su quehacer y reprobamos su violencia e indiferencia con las mujeres, con los migrantes, con los pobres de quienes dice se la pasan pidiendo ayuditas. Y además ridiculizó a su mujer más cercana, a la que ponía a que le cargara la bolsa, de seguro ahí llevaba la cabeza de otras mujeres y hombres. A ella la recuerdo en un video donde después de entrar al Cereso y quitar lo que los hermanos en reclusión tenían de más, estaba de lucida y enfrente de la cámara empezó a pisar una imagen de la Santa Muerte, con la fe y devoción de otros no se juega, y menos en un lugar donde la libertad de culto está permitida. Ser una buena católica empieza por amar al prójimo más que con palabras, por saber que la diferencia nos engrandece, y nuestra fe se refleja en la dignidad con que tratamos a otros (nos vemos en ellos), y nuestros modos de entendernos en el universo y la armonía con Dios y sus creaciones se basan en el respeto. Pero ella no lo entiende, o se le olvidó lo que dice la palabra “No te acerques más —le dijo Dios—. Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa” (Ex. 3:5). Tocar la vida de otros, su cultura y todo lo que hay en ella, es pisar tierra sagrada.
Como si eso no fuera ya suficiente castigo para MEDUSA, había quien debía ir por el monstruo, muchos lo intentaron y no lo lograban, pero vamos, era época en la que todos querían ser héroes, y todos añoraban su cabeza de trofeo, un día bajo la guía de Atenea, Perseo fue en su búsqueda, y ella para que él pudiera vencerla le dio su escudo que le serviría de espejo (gran metáfora, cuando nos vemos desde adentro si no nos conocemos nos convertimos en piedra, MEDUSA después de lo que vivió no pudo volver a reconocerse), y con eso él de un tajo cortó su cabeza. Cuando regresaba a su casa vio que de la sangre que escurría de la bolsa donde llevaba su cabeza, nacían las tarántulas grandes y mortiferas que hay hoy en África, y que de las gotas que cayeron en el mar nacieron los corales marinos -esos que sirven para ayudar a curar los dolores menstruales- y que sin ellos el sistema marino se descontrola, a veces lo que ocupa menos del 1% es fundamental para todo un ecosistema, no olvidemos que los corales dan refugio, alimento a peces, invertebrados, y las longevas tortugas, amortiguan la fuerza de las tormentas, las olas, y los desastres naturales. Y cuando Perseo volvió triunfante de su aventura, regresó a Atenea su escudo. A ella le gustaba que todos se vieran ¿Ella se habría visto? Atenea puso en el escudo la cabeza de MEDUSA y le sirvió como protector y símbolo de autoridad divina, entonces, sin temor a equivocarme eso era MEDUSA, y Atenea lo sabía desde el principio. Por ende la brava Atenea fue un reducto de diosa para enfrentar a Poseidón, habría sido épica esa batalla, pero en su lugar dejó al entendimiento popular, al de nosotros, el populo, que la justicia no llega a las mujeres víctimas, que a veces quienes piden nuestra cabeza son otras mujeres que vieron virtudes que ni las diosas poseían, como las de MEDUSA, que siendo humana, diminuta en comparación de ella, tenía honor y virtudes de sobra, y que aún cuando ella ya no podía reconocerse todo seguía ahí y alguien más llegó a ponerse en el pecho las representaciones de MEDUSA al momento de ir a la guerra, pero no olvidemos era robado, y lo llevaban a costa del dolor de una mujer que convirtieron en blanco de hombres que querían ser héroes.
Entonces, yo no quiero ser un arquetipo de Atenea, mis agresoras se sienten ella, el símbolo de Atenea también son los arañas, pero son arañas insignificantes y diminutas comparadas con las poderosas y mortiferas que brotaron de la sangre de MEDUSA, su piel es tan gruesa que viven y sobreviven las arenas del desierto.
Cuando mis agresores me atacaron con sus mujeres, las pusieron a ellas a hablarme al oído, ellos querían saber quién era yo. Me decían “Déjame conocerte”, también lo hizo un hombre. Querían información de mi vida y de la gente que me rodea, para eso me habían drogado. Arrancaron mi ropa y querían explicación de cada uno de mis tatuajes, en especial de 3, del primero que preguntaron fue de un pez linterna, y me gritaban qué significaba “el foco”, no podía ni reconocer mis tatuajes de lo drogada que estaba, de seguro debí decirles que me lo hizo mi amigo Gustavo, un tatuador par de mi amigo David, y que me lo hice porque me gusta la existencia de un pez pequeño que puede brillar en lo profundo del océano, que tiene luz propia, y que con frecuencia me agrada lo que no le gusta a nadie, y que de lo feo que era me parecía muy bello. No encontraron nada ahí, ellos querían encontrar historias de fentanilo. Después se fueron por mi diadema de Demeter, esa la tengo en la parte alta de mi pierna, del lado izquierdo, del lado del corazón, mientras yo tengo ese tatuaje mis agresores ahí mismo se ponen una arma extra (esa que es como un liguero), y la dejan a la vista de todos, es como si quisieran intimidar, mi tatuaje es para mí y no estaba a la vista de nadie. Mi diadema como la de Demeter tiene amapolas y trigo. Mis agresores, ahora no sólo me preguntaban por mi tatuaje, reafirmaban sus teorías usando mis fotos de redes sociales, ahí tengo una de un campo de amapolas. Me gritaban les dijera dónde estaban las amapolas, esperaban les diera la ubicación de un plantío, cosa que no tenía, esa foto me la regaló alguien de la sierra de Chihuahua hacía más de una década. Les expliqué que me la dieron porque cuando era más joven había ido a evaluar política pública en esa comunidad, que siempre había tenido al menos 2 trabajos para sostener mis gastos. Me preguntaron de la comunidad y lo que vi, y lo que vi fue lo que todos los que hemos estado ahí hemos visto, y quien diga que no, está mintiendo. Ahí vi a jóvenes que recibían a quienes llegaban en la pista de aterrizaje de las avioneta, ellos tenían puesto chalecos antibalas, y llevaban colgadas armas largas. Nunca había visto armas tan de cerca, sólo unos años antes las vi en la camioneta de un ministerial que me acosó, el segundo violento que conocí, pero el primero que de adulta me acosó e hizo tener miedo. Recuerdo bien ese episodio, recién Felipe Calderón estaba posicionándose políticamente, la violencia iba en aumento, y yo daba clases en la universidad, usaba el perfume “The One” de Dolce Gabbana, oía a Skazi y Fear Factory por las mañanas, y por las tardes me juntaba con mi amiga Liliana, la que tiene los lentes más originales y es la mejor escritora latinoamericana, ella me decía que no tuviera sexo con mis alumnos –no es que lo tuviera, pero había que prevenir-, que tuviera con los de ella, por cierto, había algunos que no estaban nada mal y de más adultos se ven mejor; o salía con mi hermana Claudita, la que siempre me reclamaba por llevarla a lugares tan “aburridos”, a la bribona se le había olvidado que de universitarias se la pasaba diciéndome saliera con un ojos negros de Parral, y su argumento central para eso era un “él es muy listo, es el más listo, a ti te gustan así”, y aunque iba a eventos de poesía, arte o literatura, yo no quería alguien que me hiciera la tarea, si eran intelectuales eso era como el bonus track en los discos (referencia para señoras y señores como yo), eso me sacaba risas, ella olía a Blue de Dolce Gabanna, con ella escuchaba a los Balkan Beat Box, o Gogol Bordello, a ambas amigas les había contado del ministerial acosador, ese ministerial flojo e ignorante que necesitaba sacar la licenciatura para que le dijeran licenciado sus amigos, ese que no gustaba de pensar y aprender por el amor al conocimiento. Él usaba lentes tan ordinarios como su manera de entenderse en el mundo, y lo recuerdo siempre con la cara sudada y con un olor a sudor y mucha loción, tanta como su sudor, su olor contaminaba el aire.
Y en las explicaciones que les di por mi tatuaje de las amapolas fue que me gusta Demeter, que esa diosa en su arquetipo sólo está o muy triste o muy contenta, como la canción de Jaime López, va del calor al frio, que ella a diferencia de Atenea, cuando violentaron a su hija Persefone, no dudó un segundo en bajar al inframundo por ella y enfrentar a Ades. Que ella lleva una diadema con trigo porque es la representación del respeto a la agricultura, de la capacidad para alimentar, y saber entender los ciclos de la vida. Dije que mis flores favoritas son las amapolas, que sabía por muchos años se tenían en jardines y cualquiera podía sembrarlas, como las margaritas o las rosas, hasta que fueron cultivadas con la finalidad de obtener de ellas la goma para producir heroína. Les dije que nunca me han regalado amapolas.
El tercer tatuaje por el que me preguntaron con furia es un dragón que tengo tatuado en la espalda baja, mis agresores me movían como si fuera una muñeca de trapo. Querían saber si era una serpiente por Quetzalcoatl, o si había plumas, con los días que me iba recuperando de lo que me hicieron, entendí que hay un grupo delictivo que se tatúa toda la identidad de mi país. De seguro de Quetzalcóatl sólo pude decirles que cuando lo pienso, pienso en el día que me enamoraré, y que espero el retorno del amor como el de Quetzalcóatl, y quizá hasta les canté un fragmento de la canción Tangótl, de Liliana Felipe y de Jesusa Rodríguez. Y certeza tengo platiqué que Jesusa Rodríguez había sido mi invitada en Chihuahua, que la llevé a poderosas organizaciones de la sociedad civil, con las defensoras de derechos humanos que conocía desde muy joven, y que ahí escuchó a mamás de mujeres víctimas de feminicidios y de desaparecidas, que sonrió cuando Don Gabino Gómez, un defensor de derechos humanos de cepa y famoso activista chihuahuense, contó que él se había metido al Palacio Nacional en una marcha que Jesusa también encabezó, una que fue desde el sector campesino, y una de las consignas fue #SinMaizNoHayPais
Expliqué que mi dragón era chino, que lo hizo uno de los primeros tatuadores de Chihuahua, y que me gustaba el diseño, me preguntaron por las flores, no recordaba cuáles eran o su significado, entre tantas emociones que tenía me sentía muy tonta de tener algo en mi cuerpo que no recordaba. A diferencia de ellos y ellas que son violadoras, sí, ellos me violaron y ellas igual, No voy a condonar ningún acto violento, voy a recordar todo, así como ya recordé las flores que acompañan a MI DRAGON, son un loto, y una peonia, la reina de la flores, poderosos significados que eran míos y ellos hicieron suyos ese día, y no lo son más de ustedes, ustedes son pura envidia y mis fans. Y aunque supieron de mis tatuajes y los tocaron, saben que después de décadas no se les cae el color. Ellos no me pudieron arrebatar ninguna de las flores que tengo tatuadas, sigo siendo eso, un loto y la reina de las flores.
Recuerdo todo, incluido el mal aliento de una de mis agresoras, ella me preguntó si conocía a un hombre que según ella fue su novio en la preparatoria, le dije que en efecto lo conocía y que de adolescente él y sus amigos me decían “Chica Punk”, vivíamos en el mismo barrio, yo era poco más grande que ellos y me gustaba sentarme en el porche que se juntaban y hablar con ellos, cuando ellos ya estaban en la universidad y yo daba clases en otra universidad, fui a un concierto a Monterrey, era responsable de llevar un grupo de gente que viajaba a un concierto de metal, e invité a uno para que me acompañara, él entraría a un concierto de reggae, yo a uno de metal, y regresaríamos juntos. Me divertí mucho con mi amigo en ese viaje, y ella estaba realmente celosa, de todo el abanico de hombres me queda claro su color favorito y el más bonito es el de mi amigo, cuando ella vio que yo no tenía un abanico, entendió tenía 2, grandes y vistosos, y los movía mejor que los chavos de Locomia, o los de Mulan -con el tigre y el dragón- que cuando no tenía más que eso para defenderse, y vaya que se defendió ¡Explotó un palacio! Y claro, gracias a ella ganaron la guerra... Y yo, sin saber, me defendía de la mujer de boca apestosa que sigue presumiendo a su ex de la adolescencia.
Ah, por favor, mujer, amigos de ella que lean esto, recuerden que me divertí mucho, muchísimo en ese viaje, y que en efecto del hombre del que ella pregunta jamás me ha hablado de ella, ella no es gris, es invisible, y no poderosa como la mujer invisible, ella es solo una doña nadie que un día la intenté hacer visible, pero ni así se dio color. Entonces, en ese tatuaje tampoco encontraron nada mafioso, sólo un poderoso dragón, al mismo Balerión; y una reina de las flores que se ve como flor de los cerezos, y que es cara como las amapolas, así empezaron a conocer mi vida, y a compararla con la suya.
Se fueron así con cada uno de mis tatuajes, ahora sé que mis agresores no encontraron lo que buscaban pero sí vieron: una adulta que había sobrevivido a episodios violentos cuando fue más joven. Que a los 3 años me picó un alacrán y ese día tenía puesto un leotardo rosa. Que a los 4 años me dijeron no tocara un nopal y lo toqué, desde entonces respeto profundo a las cactáceas y son las que junto a los helechos adornan mi jardín. Que a los 5 tenía un vestido de bolitas azules que me había hecho mi mamá, y que quiero aprender a coser y quiero un rueca, y que un día dije me gustaban los chacales. Les conté de los chistes que hacía con mi amigo Martín sobre pincharte un dedo. Y así se fueron hasta llegar a mi etapa adulta y se encontraron que tenía décadas de acompañar a mamás y familias de víctimas de desaparición y feminicidio, que había hecho congresos de corte académico y que en la academia tenía amigos entrañables como el Dr. A, o las Dras. Ir e Il. Supieron de montones de aventuras con Claudia, la Wera, y Liliana; de mi pasado metalero a donde iba a los mejores conciertos, y podía agarrar a besos al músico que quisiera, pero siempre me gustaban más los que casi no se veían y elegía a ingenieros de audio, mi favorito trabajó con Morbid Angel y Coldplay. Supieron que la máxima autoridad del metal en el norte de México, es uno de mis grandes amigos, Reyes Amaro, y que la banda Avatar (MTY) al lado de Hamac Caziim, son mis bandas favoritas de metal mexicano. Y en lo que hurgaban en mis libros, álbum de fotos, cajones y cada rincón de mi casa, vieron un billete de lotería que tenía en su imagen a la banda de músicos seris. Me preguntaron qué libro era el último que había leído y les conté que “El libro de Manuel” de Fernando Savater, había terminado de leerlo hacía un par de días, y con quien hablé de ese libro fue con mi sobrino, el hombre con quien mejor converso, el mejor catador de chilaquiles, y el mejor médico que conozco. Encontraron en mi joyería diseño mexicano, no tengo mucho dinero para comprar más, pero lo que había era de maestros joyeros que reconozco como los mejores, César Kutzi (Michoacán) y Florencio Platas (CDMX), encontraron rebosos de diversos lugares del país, y les dije que esos son una herencia de las revolucionarias, les conté de la Coperativa Artesanal Tatsuni, en Cherán, y de lo mucho que admiraba a las mujeres purépecha, y con ellas a mi amiga Di, la mujer rubia de ojos verdes más bonita que he visto, que respetaba a su esposo, el mejor fotoperiodista en el país, y que me sentía mal por no haberle visitado para conocer a sus hijos. Conté de las marchas en las que he estado, de los poemas que he puesto por la ciudad, del amor profundo que tenía a mis sobrinas, y sobrinos, a mi familia, a mis mascotas, y que como Aretemisa, tuve una perrita de caza, una basset hound que fue mi adoración, se llamaba Tina, y era mi compañera en el albergue para migrantes donde trabajaba, ella era la única que estaba conmigo en mis jornadas de trabajo, a veces de más de 12 horas. Ahí se detuvieron y me preguntaban de migrantes, respondí había amado a la población de Haití. Me preguntaban si hacía brujería, si había profanado la comunión (la ostia), respondí que eso sería impensable, y por la Santa Muerte, les respondí que consideraba era un deidad poderosa y que recordaba como la gobernadora, en una de las visitas que hizo a la prisión, cuando sabía la estaban grabando de todos los medios de comunicación, empezó a pisar una imagen y quería que todos lo vieran, me quejé porque aunque soy católica ejemplo de nada, considero que la libertad de culto es un derecho, y más para quienes no tienen más que su fe y están en reclusión, después de todo de qué les sirve prohibir las imágenes si les dejan que consuman droga, si no les rehabilitan de la adicción, las personas en reclusión deben entenderse de manera integral y en teoría el Estado debiera hacer todo por ayudarles a recuperar sus vidas y ser una mejor versión de ellos, al menos libres de adicción al consumo de estupefacientes. Creo ese comentario no les gustó mucho.
Me preguntaron por hombres y mujeres que supiera había muerto de manera violenta y les conociera, les respondí que además de algunos ex alumnos y gente que recordaba de cuando era muy joven, como un skate que decía “Soy el Bimbo y soy Cholo de la Rubio 36”... Él era uno de los 10 emblemáticos “Templos”, los skates que en el 2000 todos admiraban secretamente, había una contracultura en esos años, no sólo los cholos, a los que Calderón metió a su casa con su guerra estúpida. Los skates se movían por toda la ciudad, y había grupos que patinaban en distintos lugares de la ciudad, uno era el templo de San Felipe; seguido les dije que había conocido un vaquero que era dueño de un rancho que produce buenos lácteos en el Estado, además de hacerme preguntas íntimas de mi vínculo con él, y usar las respuestas para que les fuera menos difícil poder tocarme y estar en mi cuerpo, les conté que por él habían ido más de 100 balas. Recuerdo que cuando empecé a mencionar eso algo cambió, y su interrogatorio fue más violento, pero por no revictimizarme, aún y cuando este es el blog de la víctima, mejor les voy a contar de Ra.
Mis agresores me preguntaban con quién me emborrachaba, y les conté de mi amiga Juanita, la más chingona costurera rarámuri que he conocido, a Juanita la conocía hacía años, y nos hicimos amigas, me gustaba invitarla a mi casa y con ella tomaba caguamas, le gustaban las Carta Blanca, a mí las Tecate Roja, les conté que ella había muerto hacía un par de años y que antes de morir me regaló un mantel para mi mesa, que en ese momento era circular y pequeñita, ahora tenía una poquito más grande, ella me hacía blusas y vestidos. Les conté que un día invité a una joven estudiante de derecho originaria de Puebla, que a ella la admiraba porque era lista, sensible y estudió cuando parecía tenía todo en contra, ella se llama Yuritha, y cuando llegó al asentamiento indígena donde vivía mi amiga, quien además era gobernadora, Yuritha las saludó en su lengua materna, y lloró cuando les decía que le recordaban a su mamá, y que ellas también eran indígenas, ese día me sentí un poco avergonzada porque era la única mestiza, toda ordinaria, una mestiza. Como mis agresores tenían mi celular vieron una foto que tenía en redes, y ahí estoy acompañada de una amiga académica, por una mujer mestiza que se colgó a la comida gratis, y una mujer rarámuri, otra artesana que había conocido hacía pocos meses. Me preguntaron por qué la invité, por qué ese lugar, y quién pagó, les dije que fuimos ahí porque es un lugar de buenos cortes de carne en la ciudad, mi amiga académica venía de la CDMX, y allá no hay buena carne, ella merecía comer lo que le gustaba antes de irse; la gorrona que fue a comer gratis, tenía según ella algo importante que decirme (ella dice es hermana de un hombre del poder de Chihuahua, un alcahueta doble moral), no dijo nada relevante, y con ella iba la mujer indígena, a quien la gorrona no quería invitar, y le dije “tráela, la invito también”, ¿por qué no llevarla ahí? Ni que fuera uno de los lugares de mala nota a los que fui un par de veces cuando era más joven, ahí donde bailaban hombres, hombres con preciosos pectorales como los de mi amigo FL, o menos chidos los de S, aunque ahorita ando enojada con él por cobarde, eso no le quita tenga unos preciosos pectorales, ojala un día sea tan valiente como su papá o como yo.
Leyeron en mis redes varios post sobre los pima, me preguntaron qué era pima, su nivel de ignorancia ahora entiendo es brutal y proporcional a lo arrogantes que son. La ignorancia no se quita ni con doctorados, en ese momento podía no recordar qué significaban las flores que tengo tatuadas en las nalgas, no podía ni recordar las tenía, pero ellos no sabían en sus 5 sentidos quiénes son los pima. Les conté que son un pueblo indígena de Chihuahua, que las mujeres tiene un proyecto productivo de mis favoritos en México, que se llama “Las Pimitas”, y está llegando a Sonora, exactamente entre Chihuahua y Sonora. Y que una de mis grandes amigas es una lideresa pima y hablante de la lengua, mi amiga, la Señora Doña Isidra, y otra con quien me gusta emborracharme, y hablar de la vida es con su hija, tremenda interprete del pima, con ella me gusta beber ya sea en mi casa o algún bar en el centro de la ciudad. Me gusta llamarla “Goya”, porque me recuerda a mi amigo Goyo,un hombre que conocí hace décadas en una comunidad Wirrarica, y que de él me gustó el respeto con que trataba a la gente ahí, y era de los padrinos de la fiesta, no sólo un mestizo que iba a servirse de lo que la comunidad ofrecía, mi amigo es un artista talentoso que lidera importantes proyectos de animación en México, además sus rulos rubios son hermosos, y tiene una hermosa carita de vikingo, pero lo que más me gusta de él es estar en su casa escuchando sus historias, y hablarnos de la vida, o tener preguntas sin respuesta como ¿por qué los agapantos los venden en decena y no en docena? Goya, a diferencia de Goyo, tiene unos hermosos ojos negros, y su hijo más pequeño me cae rebien, y lo quiero porque me canta canciones en su lengua materna.
Me preguntaban qué sabía de Sonora, y les dije que de allá es la mejor abogada que conocía, mi amiga, la mamá de Leonor, que me gustaba ver a los hombres con cascabelitos en los tobillos cuando hacían la danza del venado, y que esa danza me gustaba porque los golpes del tambor eran como los latidos del corazón, y que eso me recordaba el psycho en la música electrónica, y que esa música en su base tenía no sólo ritmos de la India, que eran además los acordes de lo que escuchaba el pueblo de Israel cuando iban a la guerra. Me preguntaron que si había trabajado para algún indígena, o tenido algún novio indígena, respondí que no, que era una ordinaria, que puro mestizo aburrido. Pero que en la universidad uno de mis grandes amigos fue Chunel, un muchacho rarámuri muy inteligente, y de mis amigos el favorito de mi mamá cuando me visitaban. Recuerdo que reían de mis respuestas. También les dije que mi aguardiente favorito es el bacanora.
Después de hablar de eso me preguntaron cómo dejé de salir con Ra, les dije que en esos meses había un periodista que se me acercaba y me gustaba, y que un día decidí quería salir con el periodista más en forma, nunca he podido tener a 2 en mi corazón, menos compartir mi energía y cuerpo, así que un día que él fue a visitarme junto con un maestro de filosofía de la universidad, le escribí a Ra y me dijo que fuéramos con ellos, estaban él y El Chato, y fuimos, yo pagué la cerveza que llevamos para todos, estábamos en su mesa, una mesa enorme, y mientras hablábamos cosas divertidas de la vida, y con comentarios del filósofo con “El Chato”, había una gran mezcla y risas aseguradas, de repente Ra me preguntó a su más puro estilo frontal “Fiera, Fierita ¿por qué ya no sales conmigo?”, él y yo siempre nos mirábamos a los ojos, y le respondí “por que quiero salir con él”, Ra me sonrió, él y yo nos conocíamos, y entendió era una despedida. Ra era de una pieza, sabía perfectamente estábamos bien, y yo sabía que él sabía lo quería y que el ciclo había terminado. Ra lo miró, regresó su mirada a mí y ambos reímos, reímos a carcajadas, y con nosotros El Chato, por su parte, mi amigo periodista creo no entendía el fenómeno, y mi amigo filósofo dijo “que open mind”. Desde ese día él no me marcó ni yo a él, tenía ganas de querer a ese periodista, y lo quise por un tiempo. Recuerdo me preguntaron si sabía quién era Ra, o si conocía el corrido de Pacas de a Kilo, les respondí que sabía que Ra fue mi amigo y me dolía su muerte, y que claro que conocía el corrido, y que un día iría a un concierto de Los Tigres del Norte. Me preguntaban por qué Ra me decía “Fiera”, y solo podía responder que quizá era porque lo trataba rebonito y que probablemente porque sabía me gustaban las panteras negras, después de todo hablábamos mucho de movimientos sociales como el poderoso y digno EZLN, Las Panteras Negras, o el Dr. Martin Luther King Jr., y los movimientos por los derechos civiles en EUA. Que me gustaban mucho las panteras negras, pero que aunque me parecían majestuosas y podría ser una, era más bien una ballena, un cachalote albino.
Me preguntaron si me gustaban los negros, que si qué sabía de ellos, y respondí que amaba con todo mi corazón a las personas afroamericanas, que mi población favorita para atender en la Casa de Migrantes donde trabajaba eran haitianos y africanos, que eran la gente más hermosa y de trato ligerito para convivir, todas las personas me gustaban, pero ellos eran mi población favorita, ellos veían mis fotos con esa población, me preguntaron por unas mujeres y sus hijos, les conté entre risas que su comida era la mejor, y que un día les había preguntado por el Voodoo, y que ese día quienes estaban se sorprendieron y nadie respondía, hasta que mi amiga, Lolis, una haitiana hermosa y esposa de un hombre súper inteligente, y mamá de la niña más lista que había conocido en ese espacio, me preguntó “¿Tú quieres saber del Voodoo, por qué quieres?”, y entre risas le respondí “porque tengo enemigos”, seguido, fijó su mirada en la mía y me dijo “Ah ¿tú tienes enemigos? Enemigos de Linda, enemigos de Lolis”. Mis agresores me preguntaron que pasó el tiempo que conviví con ellos, les conté solo cosas lindas de solidaridad, y cómo los haitianos se abrían paso en la comunidad, y que a mí se me ponía grande de orgullo el pechito cuando me decían que eran grandes empleados, como a muchos migrantes les había conseguido trabajo, casa, y lo necesario para que empezaran su vida en la ciudad, pero ellos decidieron irse en cuanto juntaron el dinero, y estaban en EUA. Les dije que en esos meses una terapeuta que ellos conocieron me acosó sexualmente, también hay mujeres que violan a otras, como mis agresoras, o que acosan, como esa terapeuta, y que esa mujer me contó se llenó de piojos y eso la hizo alejarse de mi trabajo, curiosamente nadie más tuvimos, en más de 15 años que tengo de trabajar con migrantes nadie hemos tenido piojos. Me preguntaban si le había contado a alguien lo que esa mujer me hizo, les dije que no. Me preguntaron qué sabía del Voodoo, respondí que me gustaba una canción que así se llama, que es de Godsmack, y que el vocalista de esa banda me gusta montones, que aunque es chaparrito no dudaría en agarrarlo a besos, y que me gusta que en los conciertos siempre trae la camisa abierta, como los cholos que están listos para darse un tiro, o no la usa, y él puede darse el lujo de no usarla, después de todo tiene los pectorales más bonitos del metal, aparte que es una máxima de vida que los más honestos son chapitos, como él, él mide 1.68, 10 centímetros más yo, se llama Sully Erna, y en el video de la canción le sale un lobo del pecho, y MEDUSA tiene la cabeza donde debe. Me preguntaron qué sabía de “Los Chapos”, respondí que lo único que sabía es que “no hay Chapo que no haga daño”, después de esa respuesta no me fue muy bien, ni a mi cabeza, ni a mi cuerpo, y a alguien se le ocurrió preguntarme quién me dijo eso, les respondí que es una máxima de vida, me preguntaron sí conocía a alguien de ese cártel, o qué sabía de ellos, dije que un viejo fanfarrón y gorrón presumía él le presentó al Chapo Guzmán a la gobernadora de Chihuahua, y que lo dijo no solo a mí, a más gente, y un político local, que de leer esto sé lo van a negar, pero con certeza y cierta soberbia sé que no todos tienen los ovarios o huevos tan grandes como los míos, y qué bueno, porque la honestidad no es para los políticos que lo único digno que tienen es el color, y si de naranjas hablamos esas nomás para que me las pelen, claro, y los papacitos de Monterrey, sobre todo el que es metalero, el hijo de Colosio (no de Cedillo), al que de no haber asesinado hubiera sido un gran presidente, el mejor de México. Entonces respondí que de ese cártel solo había escuchado a ese hombre decir eso. Creo la discreción es característica de quienes ahí trabajan porque no conozco a nadie de ese grupo.
Me preguntaron por otro cártel, y de ellos si tenía referencias, uno había vivido en mi barrio desde niño, hacía desmadres y no nos respetaba a nadie, era prepotente y abusivo, un día encontraron su cuerpo en costales, nadie le lloró en el barrio, y creo su familia respiró por fin, su mamá que me parecía una buena señora creo que vivía con vergüenza de lo que su hijo hacía, con todos se portaba mal, con mis papás también, creo que yo le gustaba y me quería hablar, no me gustaba se me acercara. Les dije de otros 2 hombres, que abiertamente me dijeron que eran de ese grupo delictivo, y que ambos me habían abusado en diferentes momentos, y que los 2 tenían las llaves de mi casa.
J-
En esos años tenía más o menos 30 años, y él era más adulto que yo, quizá unos 6 o 7 años, él llegó un día a mi casa porque había un grupo de amigos que conocieron a mi entrañable amigo, el mejor, un escritor a quien apodaban "Perro", tan transgresor en sus letras como en sus maneras poco ortodoxas de vivir en lo público y en lo privado, mi amigo era un fiel seguidor de la corriente nadaista, y se llamaba Ricardo Anzaldúa. Horas antes de que él llegara me habían dicho que Ricardo había muerto, llevaba una vida de excesos, y murió asumiendo cada uno de ellos y con su dignidad inquebrantable, él sabía bien el dicho que les duele sólo a los cobardes, ese que dice “la bebes o la derramas”, mi amigo fue una lengua que saboreó el mundo, y la vida no quedó a deberle nada, ni él a la vida. Creo que todo ese día fui como una viuda porque muchos amigos y conocidos me llamaron para darme el pésame, sabían lo que él significaba en mi vida, y lo que yo fui en la suya. Ese día abrí mi cava para un grupo de personas, unos músicos de trova (no es que yo escuche trova, pero me gusta experimentar), un joven escritor fan de Bunburí, y su novia, una argelina bastante simpática. J- llegó cuando la tertulia estaba avanzada, y recuerdo él reclamaba a nuestro amigo en común por qué no nos había presentado antes. Ese día que fue de juerga descomunal él subió a mi habitación cuando estaba ya para dormir, nos recuerdo en mi cama, recuerdo haberle besado, y quedarme dormida, a la mañana me desperté y me había dejado una tarjeta donde venían su nombre y su teléfono. Más tarde le escribí y le dije que si podíamos ir por tragos, yo sabía bien quién fue Ricardo en su vida, y quienes fuimos el uno para el otro, por ello tenía certeza de que a mi amigo le habría gustado más estuviera emborrachándome con un desconocido en algún motel de la ciudad a llorando en su funeral. Él fue por mí y me llevó de paseo a una ciudad a 1 hora de donde yo vivía, me llevó a conocer un rancho donde había venados y un par de búfalos que estaban rescatando en la zona.
J- no me pareció atractivo de entrada, salvo por el color de sus ojos, negros, pero opacos y sin brillo, pero al fin, en mi gama de colores negros. Recuerdo sus manos siempre como con pegamento y pegajosas, además se comía sus uñas. Con él desde el inicio tuve un vínculo confuso, me dejaba ver que le gustaba y se interesaba en mí, pero me hablaba de otras mujeres y no era como mi amigo Ra, él un día me preguntó por él, le respondí todas las maravillas que pensaba de él, J- sólo se sonreía, nunca supe por qué me preguntó. Entonces él me detenía en mis ganas de conocerlo, después me buscaba de nuevo, así que lo puse en un plano de conocidos. Un día fue a contarme que llegaba del registro civil porque estaba oficialmente divorciado, me mostró el documento, y le pregunté cómo se sentía, su respuesta fue "bien, vamos a comer", y así lo hicimos, salimos a comer.
Le gustaba que estuviera con él horas del día, le gustaba oler mi cabello cuando estaba distraída y no lo veía, en ese momento usaba el cabello muy largo. El jamás me olió el cabello mirándome de frente, creo que a los violadores como él no les gusta mirarme de frente y hablarme con claridad, son imprecisos, fingen escuchar y huyen de la confrontación. Le gustaba invitarme a comer, cenar, o ir a mi casa a cocinar. Siempre hacía la misma pasta, nunca fue la mejor, pero me gustaba decirle estaba bien, había que socializar.
Sé que le gustaba verme caminar descalza, y con atención veía mis pies y mis manos, también le gustaba mi ropa, y me hacía halagos por el color y la forma de mis ojos. Le gustaban las proporciones de mi cuerpo y me lo hacía saber, pero, no entendía cómo él conocía eso si yo no recordaba me hubiera tocado.
Un día me invitó a quedarme en su casa, fui y cenamos, pero para mi sorpresa él me quería abrazar y dormir conmigo, me pareció bastante tortuoso porque no acostumbro a dormir con alguien que no sean mis gatitas. En cuanto amaneció le dije que debía irme, él me pidió esperar y dijo iría por café para ambos. ¿Qué adulto maduro con una serie de responsabilidades no tiene café en su casa?
En lo que él llegaba noté que tenía una cámara en la habitación y en cada rincón de su casa había más. Me sentí incomoda, ese día entendí que la vigilancia a los otros es un tipo de violencia, materialicé la teoría de M. Foucault cuando describe el panóptico en una situación precisa. Estar en su casa era como estar en una prisión.
Él olía como a perfume de niño, de esos de Avón que le compras a los sobrinos cuando están en sus primeros años de primaria, yo usaba Valentina, de Valentino, él me contó que le gustaba un perfume que me parecía igual de dulzón que el de él, pero al menos era de adulta, le gustaba el Bright Crystal, de Versace, y aunque las notas me gustan bastante, no me gustaba el nombre, ni la botella, las granadas (mi árbol favorito) no son para estar en un frasco con tapa de plástico.
Mi vínculo con él siguió así unos meses, no me era significativo pero tampoco me parecía indiferente, ya el periodista no estaba en mi vida, y después de él había conocido a un atleta de muy alto rendimiento, un ojos muy negros y de sonrisa bonita, el hombre del que me enamoré por primera vez en mi etapa adulta. Él me enseñó que como él decía “estar enamorado es muy chido”, y me enamoré como se enamoran las mujeres inteligentes, como una estúpida, pero salió de forma abrupta de mi vida porque me había ocultado cosas importantes y debía elegir, no me eligió a mí, yo ni enterada estaba de lo que ocurría, y no me dolía eso, me dolía que no dijo su situación y no me dejó decidir si estaba o no con él, creo que él sabía que de haber estado al tanto de su situación legal, porque sentimental, con total certitud sé que su corazón se lo había sacado de un zarpazo del pecho, y lo devoré desde el principio. No me he vuelto a enamorar desde entonces.
Entonces, cómo no sabía qué bálsamo ponerme en el corazón, hice lo que las adultas con pasaporte hacemos, compré un vuelo para irme a pasar un tiempo en Colombia. Coincidió que J- me llamó y le dije que estaba por irme a Bogotá, era invitada de Patricia Ariza (de nuevo) para aprender de cultura de la paz, él no sabía quién era ella, su manera de entenderse en el mundo tampoco le permitía conocerla a ella ni a otras como ella y como yo, y bueno, unos días antes de irme él se ofreció a ir conmigo a comprar mi vuelo y buscar sotoles que obsequiaría a mis amigos en Bogotá, ellos conocieron ese aguardiente cuando invité a Patricia y su equipo a Chihuahua. Ellos hicieron la pieza Pasarela, con mamás de víctimas de desaparición forzada, y mamitas que día a día sobrevivían sabiendo a sus hijas las asesinaron y fueron Una Más, también participaron artistas locales, mujeres sobrevivientes de violencia doméstica, como mi amiga Lupita, con quien me gusta comer sopa de fideos, y fue un evento tan grande que al final terminó con una semana de eventos culturales, esa fue la primera Semana de Arte, Género y Derechos Humanos, al siguiente año con mi equipo hicimos otra semana igual, pero ahora se presentaba una campaña que hacía visible la trata de personas en Chihuahua, y ahí artistas como Rocco Pachucote, Olinka, Sista Freedom, Lengualerta, raperas juarences, y defensores de derechos humanos como Santiago Corcuera, se ponían la camiseta, y feministas como Francesca Gargallo, y dramaturgas macizas como Estela Leñero escribían fragmentos para proyectos que resultaban ahí, como el calendarios de derechos humanos de los jóvenes, en uno de ellos aparece uno de los mejores juristas que han salido de Chihuahua, el Dr. Heber Sandoval, pérdida irreparable para el gremio de derechos humanos en México, con él siempre estaba su esposo, entonces nunca era un proyecto individual donde participaban, caminaban juntos, como lo hacen las parejas que se eligen a diario, además los dos se caracterizaban por ser no sólo una pareja estéticamente hermosa, también su inteligencia, generosidad, solidaridad, y su entereza inquebrantable hablaban por ellos.
Mis agresores veían las fotos y me preguntaban cosas de la gente, les dije admiraba a todos, e igual de ignorantes a la hora de conocer al pueblo pima, tampoco sabían del Colectivo Aho, Patricia Ariza y su historia. Referencias obligadas para todos en América Latina, igual que el genocidio a quienes militaron en Unión Patriótica, o las historias de Simón Bolivar, Manuela Sáenz, y el grabador y periodista Antonio Caballero, del que Patricia Ariza tenía una pieza afuera de la habitación donde yo dormía cuando viví en su casa; él se la había regalado, y ese mismos artista que fue mi favorito cuando visité Colombia, fue amigo intimo de mi amiga Reina, también mi favorita; una actriz colombiana que viajó de gira con Mano Negra. Eso escuchaban mis agresores, era como si alguien de quienes estaban ahí no quería dijera que había violadores en el cártel por el que me habían preguntado...
Al retomar la historia de J- les dije que fuimos por el boleto del vuelo, luego a comer a un lugar de unos amigos suyos, y él pidió 2 cervezas. Después de eso solo me recuerdo en una bodega donde no podía ni sostenerme de pie, y me hablaban de sotoles, ya era de noche, él pagaba de mi dinero todo y tenía mi cartera, tenía acceso a mi bolso donde estaban mis llaves y objetos personales, después me recuerdo bajando de su carro en el restaurante de un amigo, no fue ni siquiera para llevarme a mi casa, creo sabía podía pasarme algo. Al día siguiente no tenía resaca, me sentía mal físicamente y me negaba a reconocer algo le habían hecho a mi cuerpo. A los 2 días me fui porque debía iniciar mi viaje, estaría con una amiga varios días en la Ciudad de México. Él me mandó los sotoles por paquetería a la Ciudad de México, y de ahí me fui a Bogotá. A la única que le conté lo que había pasado fue a mi amiga, ella me llevó por comida vegetariana y me mostró una manera distinta de vincularme con el entorno.
Cuando llegué a Bogotá no tenía ánimos de salir con hombres, solo me gustaba estar con Patricia y su equipo, el teatro me hacía feliz; hablar con las madres de Soacha (una herida abierta en Latinoamérica y para el no olvido en el mundo) y preguntarles por sus hijos, por lo que comían, por sus sueños e historias, ellas me animaban, e iba con Doña Luz al centro por buñuelos, recordaba a las mamitas de desaparecidos en Chihuahua, a mis amigas Chayito y Luli, a mis adoradas niñas Alvarado, también salía con las viudas de la guerra cuando me contaban de sus esposos, o la gente valiente de la Unión Patriótica que había sobrevivido a la persecución política en su país. Esos días conocí a Simón Vélez, el arquitecto que construye con bamboo, que hace obras enormes y con puntos estratégicos para mirar las estrellas. Tenía bloqueado de mis redes a J- pero no a nuestro amigo en común, sabía él veía mis días en Colombia y no me importaba, tenía claro que la exposición elegida es un asunto de placer y en ese, como en este caso, de venganza, ese hombre que me agredió nunca accedería a lo que yo era, a mis vínculos, y no entendería el universo desde mi óptica. Él tenía que drogarme para poder tocarme y mirarme de frente, y mostrarse como era él. Debe ser una condena no poder mostrarse tal cual somos en ningún aspecto de la vida.
En esa ocasión no deseaba volver a Chihuahua, quería seguir en Bogotá, había entendido que el arte sana y salva, y ahí estaba rodeada de arte y artistas, de quienes a diario trabajan por la memoria e identidad de su pueblo, pero había que regresar. A mi regreso mi vuelo hizo escala en la CDMX, fue por mí mi amiga "La niña pequeña".
Ese día cumplía años, ella me tenía un pastel vegano de mango, tomé té y una ducha larga antes de ir a la cama, no sabía cómo volvería al lugar donde estaba mi agresor al que no sabría cómo reclamar. Regresé a casa pero aún dolía lo que había pasado, a los meses de ese episodio fui a la Ciudad de México a una reunión de defensores de derechos humanos de las personas migrantes y sus familias, y en general con las personas que más saben de movilidad humana en el país. Un día busqué a un joven tatuador chihuahuense que vivía en la CDMX, a él le pedí que me hiciera el diseño de un venado y un cedro. Me preguntó que si podría con ambos tatuajes el mismo día, le dije que sí. Cuando con respeto me preguntó por qué había elegido ese diseño le conté de la diosa Artemisa, y sus símbolos, en esos días leía a Jean Shinoda Bolen. No podía decirle a mi amigo tatuador de cabecera lo que me había pasado y por qué había elegido esos diseños. No estaba lista para contarlo.
Le dije que el venado es un símbolo de Artemisa, que una psicóloga feminista que admiraba me había regalado el libro, y me había puesto una dedicatoria hermosa, me escribió que yo era una Artemisa, que cuidaba a mujeres, jóvenes, migrantes, y animales. Ese libro se lo llevó de mi casa una mujer hace un par de años y no lo regresó, espero que ahora que veo anda en los caminos del feminismo se piense no como la agresora que la recuerdo, si no como una mujer libre y solidaria, como me describían a mí en esa dedicatoria hecha por la sicóloga feminista que tanto admiro.
A los años vi a J-, se veía bastante desmejorado, con menos cabello, y los tratamientos que se pagaba para que le saliera barba como que le salieron mal y tenía barba donde no debía, era como ver la barba de un adolescente. En esos días supe que a él le gustaba poner a competir a las mujeres, hacerlas sentir inseguras en tanto a su edad y aspecto, recuerdo un día que le preguntó a una abogada que si ya le había llegado la menopausia porque se veía ya muy grande, ella se ofendió, lo que la abogada no entendía era él quería incomodarla para así poder ponerla a competir con su amiga, que era más joven que ella, y él disfrutar del espectáculo, además de que se sentía insignificante frente a esa abogada guapa y resuelta, y no se diga con la otra mujer que no lo bajaba de mocoso calzones feos. Vi que le gustaba tener sexo en línea o al menos pagar por eso, y con ligereza me mostró que una de las mujeres a quienes les pagaba era muy parecida a mí, supe que tenía un fan, uno más. Supe por una amiga de él que gran parte de su furia era porque tenía problemas sexuales fuertes, no sostenía erecciones y por eso mandaba a medio Chihuahua fotos de su pene unos años antes. Pobre, nunca fue muy listo para nada, aunque él se sentía más inteligente que todos, pero en algo tan básico como el placer propio y dar placer dependía de una erección, pobre.
Alguien me dijo no hace mucho que él seguía preguntando por mí, y que a la par contaba su mejor amante fue su prima. Quien me dio la novedad de que preguntó por mí, me agradeció por haberle regalado hace unos años un texto de Robin Fox, el de “La lampara roja del incesto”, creo ese libro le sirvió para poder entender el lenguaje de J-.
Y-, el enojado con su madre, que detesta la moda, y batalla para caminar porque le huelen los pies
Los espartanos en su ritual de paso iban por un lobo, Y- decía era uno, pero él ni era un lobo, ni ningún tipo de perro, y menos un 1.
A Y- lo conocí en el cumpleaños de uno de mis amigos cercanos, mis salidas son siempre pocas y solo con quienes me siento segura -no significaba que en esos días con esas personas lo estuviera-. Ese día todo iba bien, fuimos a cenar a un sitio en el centro de Chihuahua, llegué un poco antes de la hora y en el lugar estaba el Grupo Firme, ellos en la mesa del rincón, yo en la barra con el dueño del lugar, la banda obsequió cortesías para ir más tarde al concierto, todo iba bien, mi amigo llegó, y con él varios de sus amigos y una amiga suya, y al final se sumó otro más, un hombre bastante ordinario en su aspecto físico, claro, desde mis estándares de belleza, me causaba simpatía que no dejaba de sonreír cuando me veía, ese día bailé con él un par de canciones, después nos sentamos porque su olor a sudor y licor no me hacía sentir cómoda. Un rato más tarde una mujer muy amable me sacó a bailar, ella me contaba estaba en el lugar con su hija y que no tenían plan para después. Y- tuvo un arrebato de macho, me jaló y me sentó en la mesa, se expresó de forma peyorativa de ella, me cuestionaba que si qué hacía bailando con “una machorra”, quiero creer el licor no le dejaba ver que la mujer educada y agradable, bailaba mucho mejor que él, y sobre todo, respetaba mi espacio personal, por ende, era mejor compañera de baile. Y- nos forzaba a quienes ahí estábamos a escucharlo cantar, es el tercer hombre que conozco que gusta de forzar a las mujeres a que lo escuchen cantar, carajo, realmente disfruto escuchar a hombres que me caen bien y les sale natural cantar en la juerga, pero los que lo hacen porque se sienten artistas de rock o de banda, son patéticos., a los minutos me forzó a bailar con él, de nuevo. Mi amigo y los otros hombres que lo acompañaban se habían levantado de la mesa, salieron a fumar, y no tenía ni un minuto bailando conmigo cuando me empezó a decir que estaba bien buena, y otros adjetivos que me hicieron sentir incomoda, le pedí nos sentáramos, y él no paraba de hablar y decir puras cosas que no me interesaba saber, nos sentamos y seguía hablando, contó había sido quien le daba dinero a las asociaciones civiles en Chihuahua, que tenía un padrino, y a cada minuto repetía por qué no me había conocido antes, y que EL nos habría dado dinero para la asociación en la que trabajaba (yo pensaba que si no me conocía es porque jamás necesité al gobierno para hacer con maestría mi labor humanitaria, y que la magia de mi trabajo también se veía en que éramos diferentes a todas las obras similares empezando por no necesitar al gobierno, o mejor dicho, a los funcionarios que hacían mal uso de sus puestos), me causó gracia que fanfarroneara con el dinero del erario público. Él me hizo reafirmar que el problema no es el gobierno como institución, son las personas sin escrúpulos que trabajan ahí. Al haberme incomodado la situación opté por levantarme de la mesa, él me preguntó a dónde iba pero al no querer despedirme de él respondí que al baño, y antes de salir del lugar me despedí de la mujer con quien bailé y de su hija, les pregunté si les gustaba Grupo Firme y respondieron que sí, les obsequié los boletos y me fui. Cuando salía del lugar me topé a sus amigos y me preguntaron por qué me iba, les dije que me había incomodado Y-, y que estaría mejor en mi casa, ellos me dejaron ir y justificaron su actitud diciendo que tenía mucho tiempo sin pareja, les sonreí y me fui. Antes de tomar un taxi caminé varias cuadras, no sabía cómo quitarme la sensación de haber convivido con un violento, y no podía procesar cómo el hombre con quien me gustaba salir y que yo decía era mi amigo, me había acercado a ese hombre, él e Y- se llamaban así mismo “Bandidos”. Mucha palabra para ambos.
A los días me llamó mi amigo para decirme que me sumara con ellos en un bar donde estaban, le agradecí y le dije que me era complicado, la verdad era que podía ir pero me daba flojera ver a su amigo que no dejaba de gritar para que yo escuchara estaba ahí. Como si el timbre de su voz me gustara... Esa semana Y- me buscó, pregunté a nuestro amigo en común si estaba bien y él respondió no era peligroso, salimos y estuvo bien la salida, fuimos a cenar, y se sumó una pareja, ambos amables, ella más que él. Al día siguiente tenía una actividad en mi trabajo y me di cuenta no tenía unos boletos que necesitaba, él me escribió y me dijo él los tenía, fue a llevarlos al lugar y me dijo que más tarde regresaría para comer ahí con la pareja que había conocido una noche antes, así lo hizo, pero su presencia por si sola no me parecía nada extraordinaria, menos después de haber visto a sacerdotes, religiosas, grandes religiosas que admiro montones, a la gente de mi equipo, mis amigos de un ministerio hermosos de mi Iglesia, el ministerio se llama Kadima, y sobre todo porque ahí estaban los seminaristas con los que me siento más segura que con nadie. Cuando recién llegaron al lugar pasó algo que me perturbó bastante, lo primero que Y- hizo fue decirme que me veía muy bien con lentes de sol, pedírmelos para verlos y preguntarme por la marca, le respondí mis gafas eran más baratas porque eran un modelo de niña, me respondió que se me veían muy bien porque tenía la cara chiquita, seguido le pidió a la novia de su amigo que se los pusiera, ella obedeció y no le quedaban bien, ella se sonrojó y yo me incomodé, él hizo comentarios a su amigo del tamaño de la cara de su novia, yo me levanté de la mesa sin decir nada. El hecho me disgustó bastante, pero más allá de fastidiarme porque alguien más se pusiera algo tan personal como mis gafitas (eso me molesta bastante y más cuando las hacen grandes porque sus proporciones son distintas a las mías), supe que nos estaba comparando a ambas, esa tarde ya no volví a sentarme con ellos, después de varias horas fueron a despedirse de mí y me dijeron irían a beber. En ese momento pensé por qué su amigo le había permitido hiciera eso a su novia.
Esa semana me estuvo llamando todos los días, salimos ese sábado, fuimos a varios bares y en el último él empezó a hacer videollamadas a un tal Memo que vivía o andaba en la playa, como si a él le interesara vernos, Y- no paraba de tomarse fotos conmigo y enviarlas. De repente me sentí mal y en una de las idas al baño la mujer que aseaba ese espacio me preguntó si estaba bien, le respondí que me sentía rara, y después de charlar un rato con ella llamé a un amigo y le pedí fuera por mí. Al rato él llegó e Y- se levantó, se fue, pero igual que con los boletos pasados él se había llevado algo, ahora había sido mi bolso donde estaban mi celular y las llaves de mi casa. Mi amigo no sabía qué hacer y al no tener yo las llaves de mi casa, me llevó a su casa, ahí pude dormir, él me prestó la habitación de su mamá y a la distancia estuvo atento a mí, por la madrugada que empecé a despertar él me dijo con preocupación que me puse mal, que no estaba bebida, que estaba mal. A las horas pedí el número telefónico de Y- a nuestro amigo en común para llamarlo y pedirle mi bolso, para mi sorpresa mi amigo estaba serio, yo no le dije nada y él se limitó a darme el número. Pude entrar a mi casa con ayuda de mi familia, y sentí una pena enorme porque después de décadas de ser resuelta en mi vida cotidiana ese día me vieron con la ropa del día anterior y desvelada, además que seguía pálida. Y- fue horas más tarde a dejar mi bolso, y tenía una cara de molestia y tono retador, yo me disculpé, no sabía por qué, pero le dije lamentaba haberme ido con mi amigo, para mi sorpresa él me pidió entrar y aunque no quería dejarlo pasar le di acceso, él no paraba de ver cada rincón de mi casa, y de decirme que por mi culpa había hecho cosas, que lo hice hacer cosas y que si se lo volvía a hacer él me iba a chingar y no me la iba a acabar. Le pedí que se fuera y de nuevo me disculpe, él se me acercó y me sentó con fuerza en sus piernas, yo empecé a llorar, y no por su aliento asqueroso, o su olor a pies y axila, era lo mucho que me había intimidado, él a cambio bajó su tono de voz y me decía “mira, estás llorando”... Y me preguntaba “¿quieres ser mi niña?”, no respondí a nada. No podía pensar en nada más que en quería escapar de ahí, de mi casa, él había entrado de manera violenta a mi espacio y a mi vida, él jamás habría tenido acceso a mí si no hubiera sido por nuestro amigo en común. Ahora sé que ellos habían hablado de mí antes de que él me conociera. Ellos sabían me gustaba un hombre que les caía mal a ambos, y se reían de él, a mí me gustaba hacerles saber lo mucho que gustaba, y el respeto profundo que le tenía, eso como a muchos otros les molestaba, pero curiosamente, como en el Rey León cuando dicen “Mufasa”, se intimidaban y ya no decían nada.
A las horas él se fue, y al día siguiente me llamó como si fuéramos pareja, hablaba de vernos e ir a mi casa a cenar, ese día fue, y de la nada empezó a pelearme, él iba listo para quedarse a dormir conmigo, pero yo no lo sentía nada mío, ni siquiera me interesaba su amistad porque me parecía bastante burdo y vulgar. Y apestaba, carajo, apestaba. Juro por Dios que nunca había conocido a alguien tan hediondo. Su actitud de desequilibrio me molestó y le pedí que se fuera, él empezó a llorar y disculparse, le pedí de nuevo que se fuera, y más de 7 veces le dije lo mismo, él entendió. El ese día me dijo que nuestro amigo era “su chavo”, y ese adjetivo usó hasta el último día que hablamos, más que su pataleta y su actitud me sorprendía se refiriera así a su amigo que le había presentado a su amiga la que nunca había visto con nadie, y que sólo le sabía de parejas hombres que son oro molido, y sabía que el único hombre que genuinamente me gustaba era el ojos negros que a él le caía mal. Esa semana fue de desagrado porque Y- me buscaba y se disculpaba de múltiples formas, le disculpé, y él para reivindicarse por lo que había ocurrido me invitó a una concierto, iríamos a “El Palomazo”, un evento que reúne a varios músicos de norteño que me gustan, pero para mi sorpresa cuando llegó por mí estaba bebido de nuevo, y al ser un evento norteño yo llevaba unas botas preciosas, me gustan las botas vaqueras, por algo fui amiga del Chato Carrero, y de verdad me gusta combinar la ropa, no las marcas, bueno, las veganas y que pagan lo justo a sus empleados, sí, entonces llevaba puestas unas botas hermosas, y lo primero que me dijo fue que me las quitara porque él no podía usar botas, desconozco si el olor de sus pies se relacionaba con el hecho de que no pudiera usarlas, pero además de que todo el camino de mi casa al lugar cantaba a todo pulmón una canción que se llama “Linda”, y otras de Neton Vega y me decía que él era “el patrón”, esa noche me dijo al menos 4 veces que viviríamos juntos. Me pregunto qué dirían esos músicos de saber un violador mequetrefe que se dice patrón y evidentemente no lo es, canta sus canciones y se sentía vivía en ellas...
Entramos al concierto y la mejor parte fue cuando él se levantó al baño y me dejó sola, tardó en regresar y llegó acompañado por policías que resguardaban el evento. Me dio pena me vieran con ese hombre que estaba tan bebido y hacia tanto escándalo, además de tratarlos con prepotencia; uno de ellos me preguntó que si él iba conmigo, respondí que sí. Y- les miró con actitud retadora y ellos, ellos creo que sintieron pena por él y compasión por mí por verme al lado de ese sujeto, esa noche no bebí, había decidido no volver a tomar licor con él. El resto del concierto se la pasó hablándome y no me dejaba ver y menos escuchar a los músicos, es el peor concierto al que he ido, y vaya que sé de conciertos, y por primera vez además de no tener lugar preferencial tenía mala compañía. Cuando salimos yo no dejaba me abrazara ¿por qué habría de dejarlo?. Fuimos a cenar y en la cena, ya sin estar él bebido me empezó a contar que los policías que yo admiraba tanto eran peor que él, que no entendía porque no quería estar ahí, con él, me dijo que se sentía rechazado, y me aclaró que él no era policía, que él evaluaba policías y que no eran muy listos que digamos, y que él estaba en un chat donde a diario le llagaban notificaciones de la gente que asesinaban en Chihuahua y que los cuerpos los llevaban a “tirar” a una mina en Aquiles Serdán, la sangre se me fue a los talones y entendí porque desde el principio le tuve miedo, curiosamente al igual que J-, no me veía a los ojos cuando yo hablaba, solo me miraba cuando estaba distraída, o cuando yo no lo veía a la cara, entendí que él y J- pertenecían al mismo grupo delictivo. Cuando salimos de cenar, bueno, él cenó, yo no podía comer y sólo me quería ir de ahí, me dijo que no me llevaría a mi casa, que me llevaría a la suya, cedí, lo que quedaba de la noche me evadí para no tener sexo, recordé las Mil y una noches y me funcionó, después me dormí, a la mañana siguiente la formula no funcionó, había 2 opciones, resistirme y pasar por un episodio de violencia física, o ceder, cedí, pero no podía evitar llorar, él se reía, creo que no entendía lo que él había hecho. La noche previa para no tener sexo le pregunté por el pizarrón que tenía en su habitación y lo que ahí decía, tenía escrito Tríada Oscura, y me contó que estaba yendo a terapia y que estaba aprendiendo a controlarse. Él tenía pocos libros, puse atención a cada uno, y ninguno me interesó, pero curiosamente dijo estaba leyendo “La insoportable levedad del ser”, y días antes había hablado por teléfono con uno de mis sobrinos de ese libro, y cuando quería entablar diálogo para romper mi monólogo sobre los personajes o los conceptos del libro, el peso y la levedad, o del mismo Kundera, me quedó claro que él no lo había leído. Al día de hoy no comprendo qué hacía ese libro en su casa. Después de que él se reía por verme llorar, le dije que él era un gran sujeto, que me quedaba claro él quería una relación seria y que yo no estaba lista para eso, que él se merecía a alguien que lo quisiera tanto como él podía querer, él sonrió y me respondió “está bien, te voy a llevar a tu casa”. Antes de salir de ahí escribí en su pizarrón un fragmento que conocí cuando era muy joven en una feria del libro, con el tiempo me he enamorado de Nezahualcoyotl, en su pizarrón le dejé “Endereza tu corazón, aquí nadie vivira para siempre”, y en el camino mientras él hablaba puras estupideces y seguía cantando las canciones de Neton Vega, yo solo pensaba en que se me había olvidado poner un acento. Llegando a mi casa él me dijo “mañana vengo por ti y te quedas conmigo”, de nuevo la sangre se me fue a los tobillos. Entré a mi casa y llamé a un amigo, un policía municipal, a él le dicen Chaparro, porque mide más de 1.90, y siempre me río con él porque aunque no le gusta su sobrenombre, se consuela cuando le digo “recuerde, querido mío, siempre recuerde, no hay Chapo que no haga daño”, ese día él me escuchó, siempre lo hace con atención, y me dijo “bloquee a ese cabrón, es puro pendejo, y si le vuelve a marcar me dice y le ponemos un alto”, a los días vi a nuestro amigo en común y le intenté decir lo que pasó, creo a él le había parecido gracioso que yo llorara. Nunca entendí por qué a él le había interesado yo interactuara con su amigo de pies apestosos, cuando de él se expresaba como si fuera su subordinado y él su jefe, mi amigo se molestó por lo que le dije. Ese día entendí que mi amigo ya no lo sería más, y que él no rompería el pacto de complicidad entre hombres donde vulneran a las mujeres. Ese día perdí un amigo, él prefirió al vulgar y acosador de Y-, el que borracho y en su sano juicio decía odiaba a su madre, que tenía los pies más malolientes y feos que he visto en toda mi vida, y apestaba como nadie más, bueno, como otros que él me recordaba. Después de meses pude quitarme de la nariz su olor a sudor, queso podrido, y axila.
Un día lloré cuando recordé lo que me había hecho Y-, recordé con repulsión un día que me dijo él era un lobo y quería estar con una mujer alfa porque quería liderar la manada, lo escuché, a los días le cuestioné que si conocía los rasgos del lobo, antes de que me respondiera le dije que los lobos son discretos, que un día mi amigo Goyo, o Hi Man, como quieran decirle, me contó estuvo en un rancho donde hay una reserva para proteger a los lobos, y que él preguntó al que los cuida cuál era la principal diferencia entre los lobos y los perros, y la respuesta fue que cuando los ladrones se acercaban los perros avisaban, y peleaban para no dejar entrar, mientras que los lobos no hacían un ruido pero con sigilo observaban todo, y que dejaban entrar pero no iban a dejar salir; seguido le dije que los alfa cuidaban a todos, empezando por los más viejos, que nadie se iba a quedar atrás, y que la lealtad a su manada, y a sus parejas era lo que los definía, y le pregunté ¿y entonces eres un lobo?. Él apenado me respondió que no. Creo que me dijo lo de los lobos porque vio que tenía una foto en mis redes, él había escudriñado cada foto y comentario que había en mis sitios, en la foto estoy con mi familia colombiana y llevo puesta una mascara de lobo gris. Esa mascara no le quedaba a nadie, y me gustó porque se ajustaba perfecta al tamaño de mis ojos y combinaba con su color.
Cuando estaba en la secundaría había un cholo del barrio de enseguida, a él le decían “EL LOBO”, y él era todo un lobo, y estaba enamorado de mí y no sólo eso, me notificó sus intenciones de ser mi novio, reí y me puse nerviosa, nunca dije sí o no, pero de adulta puedo decir que él fue quien me dejó el gusto por los ojos negros y por otras cosas.
También vinieron a mi memoria en ese momento amigos que he amado y ya no están en este plano, murieron hace tiempo, el primero que recordé es el que decía era Batman, su casa estaba llena de cómics, y nuestras platicas siempre terminaban con alguna referencia a episodios de historietas de Frank Miller, Bob kane, o Alan Moore, o música, desde Audioslave hasta Leo Dan. Él se llamaba Adolfo, y me habría gustado hoy decirle que creía que los violadores apestosos, ya fuera porque usaban demasiado perfume de niño, como J-, olieran a ropa húmeda y hedionda, como la gris que me violó para sacar información, o porque de niños jamás les enseñaron a bañarse bien, y de adultos su peste era tal que las uñas se te podían caer, se veían como Roark Junior, o Yellow Bastard, ellos, y ella antes de adelgazar, tienen el cuerpo igual, y de los cuerpos de los violentos sí se habla. El color amarillo me gusta mucho y ya saben lo que dice el dicho “el que de amarillo se viste a su belleza se atiene”, o en mis días melosos y ñoños cantó Yellow de Coldpay, y recuerdo con estima al ingeniero de audio de la banda, que también lo fue de Morbid Angel, y gracias a ese brasileño, músico de jazz, que le gustaba vivir en la palma de mi mano, yo tenía el poder de que en el concierto del 2009, en Chihuahua, la banda telonera fuera la de mis amigos, la banda se llamaba Nailed Hands, y no sólo eso, ellos sonarían perfecto porque tenían al mejor, el que se movía por todo el mundo en las giras de las bandas internacionales con quienes trabajaba. Recuerdo que ese día a mis amigos les iban a prestar la batería del mismo "Pete" Sandoval (The Commando) y por ende serían la banda 1, y a los únicos que escucharon los 5 de Morbid Angel. La banda era la de mi querido Adrián Sánchez, criminólogo, hombre de comentario inteligente y vivaracho, analista político, y aracliento profesional, con él tocaba la guitarra su amigo “El papa”, un músico talentoso, y otros que veía en fiestas con ellos y me gustaba su andar ligerito en el mundo. Entonces, ese día fue un gran concierto, tocaron muchas bandas locales, solo que Morbid Angel se fue en cuanto terminó su show, “Pete” Sandoval tenía dolor de espalda, y querían ir al hotel a descansar, yo era su invitada, y fui a donde estaban hospedados, pero en lugar de quedarme ahí mejor invité al ingeniero de audio a caminar por el centro, conocer catedral, darnos unos besitos, y tomar cerveza local. Yo tengo un pasado, un pasado de heavy metalera.
Ese día que mis agresores me hicieron recordar a J- e Y-, había uno que le gusta el metal, y quería abusar de mi vinculo con mi amigo Reyes Amaro, tremendo músico y gran empresario, ellos me preguntaban por los conciertos a los que iba, les dije que a veces no me interesaba quedarme en el evento, que realmente iba a ver a mi amigo y tomar café con él. Les mencioné no haber entrado a varios conciertos de Mago de Oz, e incluso uno de DIO, el último en Chihuahua, porque iba a verlo a él, mis intereses eran saber los proyectos de mi amigo, saber de su vida, hablar de lo que leíamos en ese momento, y al final de la conversación permitirle que me preguntara si ya salía con alguien y siempre responder lo mismo “no”, y reírnos.
Ellos hurgaron en cada cajón de mi casa, era como si estuvieran sacando un presupuesto de lo que costaba cada objeto en mi espacio: libros, muebles, ropa, bolsos, perfumes, joyería, recuerdo bien que de eso me preguntaron qué marcas usaba, les di una lección de diseño mexicano, de buen gusto y estilo, de técnica, les mostré unas catarinas que tengo y a la plata, el maestro joyero que las hizo, con una técnica japonesa, logró hacerla cambiar de color. Son unas catarinas hermosas, pero no son mis aretes favoritos, les mostré cuáles sí lo son.
Los días posteriores a la tortura y abuso que viví, donde no sólo iba a tener que superar lo que me habían hecho, ahora iba a tener que volver a trabajar todos los duelos que tenía guardados. Empecé a recordar rostros, ropa, olores asquerosos de mis agresoras, el aliento de una y el detalle de como su saliva tronaba cuando hablaba. Recordaba mi olor, yo olía a lo que huele mi cabello siempre, a rosas. Recordaba al hombre del poder que me quitó las llaves de mi trabajo, ese que cuando entendió no había delitos de que culparme, pero había solapado a su gente para violarme y torturarme. Ellos me querían hacer ceder diciéndome violarían a mis sobrinas y hermanas, meterían a la cárcel a mis papás, y sobrinos, que matarían a mis mascotas, y a mí me quitarían todo, no era la primera vez que me amenazan con eso, un día una mujer que estaba celosa de mí me dijo lo mismo, la pobre no podía ni resolverse en la vida, vivía frustrada por las infidelidades del hombre que escogió para ser su esposo le dejaba ver, y vivía frustrada por su trabajo, caramba, en su currículum decía que había organizado una marcha, yo hice muchas, y caminé en más, pero eso no es currículum, eso es el inicio de una marca personal, y lo que vale es lo que hacemos después de la marcha. Mis agresores me dijeron que mandarían fotos mías a los seminaristas con quienes tengo vínculos de amistad fraterna, franca y de respeto. Mi tortura no solo fue ese día, me persiguieron los días que estuve en Chihuahua, e intentaron hacer que hubiera un incendio en mi casa, explotó un cirio, sí, de esos que hay en las iglesias, esos los prendo cuando oro o rezo el rosario, o en esos días que escribía de lo que me ocurrió y pedía a Dios tener el valor de contarlo. Me amenazaron con matan a mis mascotas. Tengo casi 7 meses fuera de mi casa y mi país, y una de mis gatas, la de 17 años, tiene cáncer de piel y perdió la nariz hace casi 2 meses, y no puedo cuidarla, ni dormir con ella como siempre lo hacíamos, me preocupa puedan ir y lastimar a mi perro Chalino, un rottweiler alemán de más de 40 kilos que es un chiple, me he consolado recordando que cuando Y- fue a mi casa y lo acarició, Chalino le dio alergia, era como si mi perro me estuviera protegiendo de Y-. Me dio curiosidad y busqué fotos de mis agresoras, sólo un día las vi, y como dice mi amigo HB, cuando le he contado de hombres con quienes salí o querían salir conmigo “no les alcanza”, y con ellas fue igual, para empezar su aliento, si vas a hablar a alguien de cerca mete una menta a tu boca primero, yo estaba drogada por ellos y aún seguía oliendo bien, ellas olían a sudor, pues a cuánta gente torturaron previo para ya andar más sudadas que sus víctimas, a una la vi con su uniforme, y para uniformes los de los militares, y para portarlos mi amigo, el General Z, o el Coronel U, o mi amigo, el teniente C, esos aunque trae lo que dicen son laureles de la victoria, pero parecen más palmas del martirio, y aún así se ven espectaculares vistiéndolos. Además recordé que mi amigo el General Z., cuando me veía movía la nariz como conejo y le gustaba verme, yo le leía cuentos, el Coronel U., fue mi amigo cuando estuvo en Chihuahua y me prestaba su museo, mientras que el Teniente C., el militar más chingón que conozco, un día fue por mí y mi amigo Martín, estábamos en una cantina discreta de las que me gustan, y ya habíamos bebido montones, él reía y cuando llegamos a mi casa él, como el hombre de honor que es, abrió mi puerta y me dio la mano, de seguro veía que me podía caer en cualquier momento, pero mi amigo seguía en la camioneta, y él ya bebido, o más bien, en justo reclamo, pedía que también le abrieran la puerta y le dieran la mano para bajar, mi amigo C, pidió a los que lo llevaban que le abrieran a mi amigo, esos hombres sí son hombres, para hacer eso hay que estar seguros de quien se es. Aparte mi amigo C me invitaba a las reuniones de trabajo en el comedor de su cuartel, y ahí se hace el mejor pan que hay en México. Así que esas torturadoras no traían nada, vi cada detalle de su foto, como ellas lo hicieron de mi cuerpo cuando me tenían desnuda, yo noté que sus aretes son de marca gringa, copia de copia, como ellas, o como las Barbies, mente de plástico y los juguetes sexuales. Lección que se llevaron de mi casa a la hora de ver joyería de verdad fina, de diseñador, y conocer de rocas. Ahora ya saben de rocas. Supe que son clasistas, como su jefe, además de ser vende patrias, y si ellas se sorprendieron de mi amistad con gobernadoras indígenas de las que se reían, así como se burlan de las mujeres que van con su traje indígena a su trabajo, pero les hacen videos para mostrarlas cercanas y verse cool y buena onda, pero no las suben de puesto, se reían de mis amigas defensoras de derechos humanos y feministas con las que marché por las calles para reclamar el espacio público porque la calle es de quien la camina, y ellas y sus violentos ya habían manchado de sangre las calles de mi ciudad, y de mi país con la guerra del borracho patriarcal de Calderón, y vaya que me caen bien los borrachos, pero hasta entre nosotros hay límites. Nadie olvidamos cuando el panista, el espurio de Calderón fue a ofendernos a todos a ciudad Juárez diciendo los jóvenes masacrados en Villas de Salvarcar eran sicarios, y que por eso los habían asesinado. Eso no lo vamos a olvidar hasta que de verdad dejen de ofender a los jóvenes en todo México, y de esgrimir conductas de clasicismo y superioridad moral porque hoy ocupan un puesto público. El norte recuerda, y recuerda bien lo que han hecho. También mis agresores querían saber de mis vínculos con una de mis amigas, y vieron que mi lealtad es profunda, mucho, y que mi amiga que tiene su avión familiar, no era tampoco una delincuente, querían encontrar algo de ella y su familia, y para que yo hablara de ella me drogaron más, a la par yo lloraba y sufría, a los meses entiendo que a mi amiga no se lo hicieron porque para empezar tendrían que pasar por sus escoltas, hombres entrenados en técnicas para identificación de pendejos como los que me agredieron a mí, y que los habrían devorado de un bocado, y no habría sido necesaria la intervención de su esposo ni de su familia. Ellos entendieron que mi amiga y yo hacíamos algo que nadie más hace en el país, porque de verdad amamos al prójimo más que con palabras, y las familias también se eligen, y ellos y ellas ahí vieron que no se debían meter con los únicos leones y tigres que hay en el norte.
Seguido mis torturadores me preguntaban por mis vínculos con gente de la Iglesia, querían les dijera si sabía de sacerdotes adictos, homosexuales, o que tuvieran algún desliz. Solo podía decir que el Arzobispo de Chihuahua hizo algo nunca antes visto, nombró para coordinar algo importante a una mujer laica, ejemplo de nada, y que de lo único que sabe es de comer buenos tacos y de migrantes. Y que él hacía cosas extraordinarias con su equipo de sacerdotes que trabajan a diario por la comunidad, que admiraba al rector del Seminario Arquidiócesano de Chihuahua, y que fueron los primeros seminaristas desde hacía ya más de una década en ser cercanos a los migrantes, que quería mucho al Padre Bueno de Cd. Juárez, que él es muy sabio a la hora de medir a las personas, y que canta increíble, y que él me había dicho que cuando me casara cantaría en mi boda, pero que ya había tenido una misa especial, que en un encuentro de movilidad humana en Tapachula, el entonces encargado de la Pastoral de Movilidad Humana en México me dio de regalo sorpresa ofrecer una misa por mi cumpleaños, y no solo la celebro él, había 3 obispos más y los sacerdotes valientes que día a día cuidan a migrantes, que a mi lado estaban laicas y laicos de esos cabrones que con dinero y sin dinero siempre dan lo necesario a los migrantes para que puedan tener un tránsito digno en México. Y en el coro estaba un sacerdote de Casas Grandes, buen amigo, y un grupo de religiosas que admiro por que ellas transforman el mundo en un lugar mejor, aparte son bien divertidas, y ser divertido para mí es sinónimo de gente inteligente.
Cuando dije Casas Grandes me empezaron a preguntar por gente de allá, o por un rancho, como si yo supiera donde estaba, sólo pude decir que un día fui a uno con Ra, y que tenía vacas, perros, una pista de aterrizaje, y que ahí comí frituras de maíz, y tomé tecate roja. Para querer tener esa información me drogaron más. De nuevo, no encontraron nada.
Me preguntaban qué sabía de los amigos de Ra, sólo podía decir que al Chato no volví a ver, que un día conocí a un grupo de hombres que fueron a su casa, era sábado y nosotros veíamos películas, y sus amigos llegaron. Él salió a recibirlos, y cuando se terminó la película que yo veía salí a ver qué ocurría, ellos estaban riendo y cuando me vieron dejaron de reír, yo iba descalza, siempre que estoy en casa o me siento segura ando descalza, ellos con risa le preguntaban quién era yo, y que si por qué no les había dicho estaba acompañado, me invitaron a acompañarlos, ellos no tomaban cerveza, llevaban licor, pero me consiguieron cerveza, tecate roja, ellos llegaron en varias humer, y la verdad recuerdo no por el vehículo, fue porque me paré a poner música, había uno que sabía bastante de bandas, otro que me preguntaba de arte y cerámica, ese fue mi favorito, y todos olían delicioso, olían a bosque, madera, ámbar, y almizcle blanco, nada que ver con mis pestilentes violadores, los que se ostentaron de un cártel, o las y los chotas cola sudada que me torturaron. Los amigos de Ra no traían marca, más que la personal, como la mía. No recordaba sus caras, pero sí sus risas, su olor, y la música que puse, recordaba que en un momento me levanté de donde estaba sentada para ir al baño, y uno gritó “no mames”, seguido de soltar una carcajada a todo pulmón, mientras explicaba entre risas que según él me había estado tocando la rodilla a mí, y siempre se la había estado tocando a otro del grupo. Reímos mucho.
Cuando contaba de ese episodio alguien de los que estaban en mi casa les dijo que me dieran más droga, eran como cucharadas de jarabe, seguido, recuerdo me metieron algo en la nariz, con los meses supe qué era, era un fármaco que se llama “narcan” y se usa cuando alguien tiene una sobredosis.
A los días de lo que me hicieron seguía temblando, duré días sin poder comer. Un sacerdote que estimo, un día mientras bendecida los alimentos y agradecida a Dios por la comida dijo: “gracias por esta comida que nos hace más humanos”, a mí me habían deshumanizado al no poder comer por días, ellos sabían de ese episodio, yo se los conté porque tenía una foto de ese día. Obedecía a lo que me dijeron hiciera, con los días supe ellos me lo habían indicado: lavar mis cobijas y ropa a diario, las lavé cada día hasta hasta salir de Chihuahua, no llamar a los poderosos y poderosas defensoras de derechos humanos con quienes había caminado tantas veces, no buscar a mis amigas mamás de desaparecidos, ellas, las mujeres, me pidieron cortarme el cabello, había una que decía que iba a tener los tatuajes ahí, ahora sé que hay grupos delictivos que se tatúan en la cabeza, y como si usar el cabello corto me fuera hacer ver fea, reían, ellas no han entendido que la belleza no es lo que llevas puesto o las tetas o el cabello, es lo que tienes adentro de tu cabeza, y tus formas de mirar el mundo y a los otros.
Fueron meses de angustia, no es que ya no la tenga, pero no puedo hacer más que esperar a que quienes imparten justicia en el país, los de la federación, y no hablo de Harfuch, ese no me gusta, me gustan más los que están al lado de él en las fotos. Porque los de mi Estado nomás encierran a víctimas de trata en el hospital hospital psiquiátrico. Recuerdo que mis agresores me preguntaban que si a que “narco” le pediría ayuda, respondí que “Al Mencho”, para ellos “Don Mencho”, y reían, cuando recordé eso busqué en Internet infirmación de ese señor, sabía poco de él, y eso que es el más famoso, aparte me cae bien que era de Michoacán, de donde son los árboles que viven con raíces en el agua, no cualquier planta puede estar en el agua y ser tan alta que casi toca el cielo, hay charanda, producen aguacates, hay chongos zamoranos, y ahí un día con mi amiga Liliana me medí un vestido de novia, algún signo debe ser eso; los investigadores con más disciplina en el país están en el Colmich, yo los vi estudiar y son otro nivel de disciplina, el migrantólogo más chingón de México, el que trae tatuado en el brazo izquierdo “la bordera”, y que puso en su lugar a un académico (tener títulos no te hace ser académico), extranjero, que según él teoriza al crimen organizado en la frontera, y dice es amigo de ellos, tuvo que ser aterrizado en la tierra por mi amigo, él no se disfraza de pobre, él sabe lo que es ganarse todo a pulso, quedarse sin dinero por defender lo que creía justo, eso hizo en el doctorado, a diferencia del otro que dice es cercano a un cártel. Mi amigo lo más mafioso que tiene en su vida somos mis mascotas y yo, además él siempre a cuidado su matrimonio y respetado a su esposa, nunca le he visto de acosador como al otro, que por cierto para ligar es violento, como los niños con masculinidad frágil en el kinder y la primaria, él no superó esas etapas. Y bueno, también apesta, creo que si él es patrocinado por ese grupo el sello particular es de hombres apestosos, gorrones y con mal gusto al vestir. Entonces, en el exilio, porque mis agresores no solo me sacaron de mi casa, fueron a perseguirme a la CDMX, y tuve que dejar mi país, ellos no entienden ese dolor en el pecho y en la panza, no les duele eso, después de todo la gozan enorme al saber que dejaron entrar a la CIA a México, y cambian la patria por un puesto en el gobierno local y porque sus campañas se las financien los gringos, y que claro, les dejen el pasaporte gratis y no hagan fila a la hora de sacarlo.
En mi exilio forzado me enteré que a quien les dije que le habría pedido ayuda había muerto hacía tiempo. Certeza tengo que mis torturadores entendieron desde el principio que no sabía de estructuras criminales, ni de nombres, y personas de grupos delictivos, y que menos recibía algún favor de ellos, o ellos mío, que si pude conocer a alguien me pasó de noche quién podía ser, y que si sabía algo a detalle es porque en contra de mi voluntad esos fanfarrones contaban eran de ese cártel, y entendí que entonces los de otros cárteles eran verdaderos lobos, jaguares, aves llenas de identidad que aunque vuelan solas tienen nidos enormes que protegen, como las águilas, quetzales, o la variedad de tiburones, todos tiburones pero todos diferentes. Y ahí me encontré con los textos de Anabel Hernández, y vi como ella con desprecio se refiere a las parejas, esposas, novias, y amigas de hombres que pertenecían o pertenecen a diferentes grupos delictivos. Según Internet también denuncia las crisis humanitarias por la violencia que viven los periodistas, y eso es real y debe ser una preocupación para todos en México, la libertad de expresión es sinónimo de gobiernos democráticos y lugares libres de violencia y seguros para la comunidad, y una comunidad que piensa y tiene pensamiento crítico, pero no encontré ningún texto que hable de eso, solo vi unos donde la fraternidad y sororidad están en crisis.
No he leído nada de mujeres que han vivido lo que yo, y sé que no soy la única en México, ni en mi Estado, busco reseñas y notas donde otras mujeres cuenten que después de un abuso como el mío recuerdan a sus agresores preguntándole cuál fue mejor y quién era Batman, todos ellos se siente Batman, y yo sólo podía responder que a mi amigo Adolfo le gustaba Batman, y que cuando estábamos en la universidad decíamos que era el único súper héroe que se sentía mejor estando disfrazado que siendo él mismo, por ende, el verdadero se llama Bruce Wayne, y debía ser alguien que se siente bien con su nombre y en su piel humana.
Me preguntaron quién era mi súper héroe favorito, y les respondí que el mutante Trauma, ninguno de ellos sabia quién era, también les di una lección ahí. No, no seré humilde, les puse la chinga de su vida, buscaron quién era ese mutante y vieron que es el que sobrevive al trauma y después destruye a sus enemigos porque los conoció y es su momento de enseñarles los traumas con los que ellos viven. Me preguntaron desde cuándo leía, y después de hacerme sentir tonta por no haber terminado en totalidad mis libros, se sorprendieron de la respuesta, el jefe, las envidiosas y los subordinados. Eso fue lo último que recuerdo me preguntaban, querían que los recordara y dijera ellos me salvaron, pero nunca fue así, ellos no se pueden salvar ni solos, me dejaron viva porque no iban a poder endosarme a los que dicen son violentos, sabían que nadie iba a cargar con una piedra pequeñita, pero que solo está hecha para una honda. Me preguntaste por mi poema favorito y te lo dije,
Así es mi vida,
piedra,
como tú. Como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;
como tú,
guijarro humilde de las carreteras;
como tú,
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centelleas
bajo los cascos
y bajo las ruedas;
como tú, que no has servido
para ser ni piedra
de una lonja,
ni piedra de una audiencia,
ni piedra de un palacio,
ni piedra de una iglesia;
como tú,
piedra aventurera;
como tú,
que tal vez estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera...
Y como me dijeron antes de irse de mi casa que era un blanco, pues, una foto de blanco. Podría ser una diana, pero me gusta más lo griego, así que una al estilo de Artemisa.

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